El oso que no lo era. Érase una vez -para ser más precisos, un martes- un oso que estaba parado en el lindero de un gran bosque mirando hacia el cielo. Allá muy alto, vio una bandada de gansos salvajes que volaban hacia el sur. Se volvíó y miró desde abajo los árboles del bosque...
Cuando el oso despertó al llegar la primavera, descubrió que habían construido una fábrica sobre su osera durante el invierno. Además, al salir, todos intentaban convencerle de que no era un oso sino un hombre tonto, sin afeitar y con un abrigo de piel.