Un libro que descubre la íntima relación entre crianza y cultura y nos descubre una de las claves por las que las sociedades son pacíficas o violentas.
Los bebés cuyas necesidades continuum han sido satisfechas desde el principio a través de la experiencia “en brazos” desarrollan una gran autoestima y son mucho más independientes que aquéllos a los que se les ha dejado llorar solos por miedo a que se vuelvan unos “mimosos” o demasiado dependientes.
En contra de otras teorías que propugnan una educación rígida o conductista, este libro defiende una educación de los hijos basada en el amor, el respeto y la libertad. Las abundantes referencias antropológicas explican el por qué de muchos comportamientos infantiles, tales como el llanto o el sueño.
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Las cosas no son fáciles para nosotras, las mujeres, que debemos repartir nuestros esfuerzos entre la conquista del mundo profesional y seguir manteniendo nuestra entidad femenina dentro de la familia.
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